A los 22 años, Héctor Martínez Márquez viajó a Estados Unidos con una maleta cargada de sueños y con la convicción de que en el vecino país podría encontrar mejores oportunidades; sin embargo, ante la difícil situación que se vive con las políticas actuales del gobierno, analiza establecerse en México.
Tras cuatro décadas de permanecer en Texas, relata sentirse con el corazón revuelto, pues aunque logró abrirse camino de manera honesta, la dureza de una realidad contra los migrantes se ha vuelto cada vez más hostil.
De acuerdo a Héctor Martínez, es la segunda ocasión que participa en la Caravana del Migrante, para visitar a su madre y tres hermanos en la localidad de San Pedro Ahuacatlán en San Juan del Río, con quienes pasará Navidad.
Mencionó que, afortunadamente, está bien legalizado y puede viajar sin contratiempos; sin embargo, hoy siente que su ciclo en Estados Unidos está por cerrarse, y ello se debe a la dura situación que se vive actualmente.
Las nuevas políticas del gobierno estadounidense han sembrado miedo, no únicamente para él, sino para varios de sus compañeros, quienes ya no salen de casa, evitan trabajar o incluso ir a la tienda por temor a ser detenidos.
«Yo jamás tuve un problema, con ningún tipo de autoridades allá; vengo con mi récord completamente limpio; es algo que yo quisiera con todos los migrantes pudieran decir porque la vida allá es pesada, es difícil; nosotros tenemos mucho trabajo que hacer allá, y cumplir con muchas obligaciones porque si sabemos que nuestra familia está acá necesitan de nuestro apoyo; tenemos que tener suficiente trabajo para poder generar el dinero suficiente para nosotros allá y los que están aquí […] Para mi como me hice ciudadano no tengo muchos problemas, pero para los que no son se mira con espanto, ellos de plano se esconden ya no salen a las tiendas, ya no quieren ir a buscar trabajo, ya no quieren hacer sus actividades como las tienen porque migración anda atrás de ellos como si fueron criminales y realmente no lo son», afirmó Héctor Martínez Márquez.
Refirió que el golpe más doloroso lo vivió en su propia familia con uno de sus hermanos y su cuñada, quienes fueron detenidos y encarcelados, y aunque él fue liberado hace apenas semana y media, ella continúa privada de la libertad.
Relata escenas de hacinamiento y frío, con hasta 70 personas en un solo cuarto, preparándolas para la deportación, y tras esa experiencia, su hermano ya no quiere quedarse.
Hoy, Héctor también mira hacia México como un lugar definitivo, pues siente que cumplió su compromiso con sus hijos, y ahora su deseo es vivir tranquilamente con su esposa en Nayarit.