• 7 de marzo de 2026 3:10 AM

El dulcero Artesanal: uno de los talleres tradicionales más antiguos de Bernal, Ezequiel Montes

PorMaría Díaz

Ago 19, 2025

“El secreto para que los dulces queden ricos está en la leche de cabra”, afirmó Don Jesús Rodríguez Vega, artesano y fundador de uno de los talleres de dulces tradicionales más antiguos de Bernal, Ezequiel Montes: El dulcero Artesanal. Con más de 56 años de experiencia, Don Chuy forma parte de una de las familias dulceras con mayor tradición en la región. A lo largo de las décadas, ha consolidado su proyecto artesanal, transformando una pequeña idea en una de las propuestas más reconocidas del lugar. Sus dulces, elaborados con ingredientes locales, son un reflejo de la identidad y del sabor del Semidesierto.

Jesús Rodríguez, mejor conocido en el pueblo como Don Chuy, comenzó en el oficio a los 12 años, guiado por su padre, de quien aprendió las recetas y técnicas que aún conserva. Recuerda que, en sus inicios, su padre elaboraba dulces de calabaza, higo, chilacayote y guayaba, y afirma tener presentes todos esos momentos, no solo por haberlos vivido de cerca, sino también por ser el mayor de los hijos. Desde muy joven, ayudó a su padre a iniciar el negocio familiar. Hoy, a sus 68 años, recuerda con claridad cómo la necesidad económica llevó a su familia a dedicarse a la elaboración de dulces.

«Con mi familia tenemos muchos años haciendo este dulce, aproximadamente hace 56  años. Estas recetas las aprendí de mi padre cuando yo tenia 12 aproximadamente, tengo 68, ya hace 56 años que nos dedicamos a hacer dulces en todo Bernal. Soy el dulcero más viejo de este pueblo, nos dedicamos a criar cabras, este es uno de nuestros oficios», afirmó Don Chuy.

Desde el inicio, la familia decidió criar sus propias cabras para asegurar la calidad de la leche, destacó que una alimentación especial para los animales es clave para obtener una leche fresca y de sabor superior. Mencionó que actualmente cuentan con 100 cabras, de ellas, procuran ordeñar 50 diariamente mientras las otras descansan, para mantener una producción constante y equilibrada a lo largo del año. La jornada empieza a las 5:30 de la mañana con la ordeña, que concluye alrededor de las 9:30 am, donde el aproximado de ordeña de leche es de 100 a 110 litros diarios. Luego, la leche pasa directo al proceso de cocción.

Elaborar los dulces es un proceso artesanal que puede durar hasta ocho horas, explicó. La natilla, base de muchos productos, hierve lentamente hasta alcanzar la textura deseada. Luego, se combinan con ingredientes como ajonjolí, avellanas, chocolate, cacahuate, frutos secos, nuez, zarzamora, fresa y guayaba. En cuanto al sabor, asegura que ninguno de sus productos tiene más del 10% de azúcar. Él mismo es el primer catador. “Todo tiene que estar sano, con el sabor justo y la leche de cabra”, señaló.

Foto: María Díaz

Además de estos, también elaboran obleas de tamarindo, cajetas y otros sabores tradicionales. Todos los ingredientes provienen de productores locales: la nuez de Peñamiller, zarzamora de Colón, fresa de Tequisquiapan y guayaba de Tolimán. Enfatizó que procuran tener productos frescos. Lo que se produce en la semana se vende en Bernal o se envía a clientes en Querétaro, e incluso a estados como Tabasco y Chiapas.

Toda la familia de Don Chuy participa en el proyecto. Él se encarga del cuidado de los animales y la ordeña; su hijo mayor elabora los dulces; su esposa, nietas y su hijo menor están a cargo de las ventas. Incluso las nietas diseñan las etiquetas y empaques. “Aquí todos tienen una labor”, señaló.

En su granja, también ofrecen recorridos gratuitos a visitantes, donde explican el proceso de producción, desde la crianza de los cabritos hasta la elaboración de los dulces. Algunas de las cabras tienen nombres como La Chocolatera, La Comadre o La Lluvia, y son consideradas parte de la familia.

Por otro lado, Don Chuy no ve su trabajo como una carga. Al contrario, asegura que es “como vivir de vacaciones, siempre y cuando le guste a uno”. Su mayor satisfacción no es económica, sino ver cómo la tradición sigue viva en sus hijos y nietos, y cómo los turistas y locales disfrutan del sabor auténtico de sus dulces.

Entre los próximos proyectos, planea construir un horno de pan para maridar sus productos con un pan artesanal hecho en casa. Un nuevo paso para seguir enamorando paladares y mantener viva la tradición. “Que se sientan orgullosos los de Bernal de lo que hacemos. Aquí nosotros somos, con todo el corazón, dulceros artesanales”, concluyó.

Foto: María Díaz