A pesar de la política del gobierno municipal que prohíbe el comercio informal en el centro histórico, artesanos indígenas continúan vendiendo sobre la calle de Madero hasta el Jardín Zenea y llegando hasta el templo de San Francisco, sin que exista una respuesta formal sobre por qué se les permite permanecer. Sin embargo, desde hace semanas su presencia se ha vuelto constante en uno de los corredores más transitados de la ciudad. Aseguran que los espacios ofrecidos por la autoridad no les resultan redituables y a veces no les da para solventar sus necesidades básicas, por lo que siempre regresan a las calles.
Los puestos se extienden desde el Jardín Guerrero hasta el Jardín Zenea y llegan a las afueras del Templo de San Francisco. Suben por el andador 5 de Mayo hasta llegar a Plaza de Armas. Sobre banquetas y tramos peatonales, los vendedores colocan sus productos en mesas improvisadas o directamente en el suelo sobre telas y mantas extendidas, mientras el flujo de peatones se abre paso entre los espacios disponibles.
Comercio en vía pública
Venden cucharas de madera, servilletas bordadas, bolsas, manteles y muñecas; también artículos de palma, sombreros, así como aretes y anillos de plata. Entre los artesanos aparecen otros comerciantes con helados, postres y galletas, lo que convierte la zona en una mezcla de tianguis y paseo turístico colorido y que no parece incomodar a los transeúntes.
Algunos vendedores ya incorporaron herramientas más recientes y se puede ver cómo sacan pequeñas terminales para cobrar con tarjeta, ampliando las formas de pago más allá del efectivo. La escena combina lo tradicional con lo cotidiano, en medio de una actividad comercial que no se detiene. De manera ocasional, inspectores municipales recorren la zona, se acercan y hablan con algunas mujeres que se incomodan, pero no retiran la mercancía, mientras que los otros se mantienen en sus lugares y continúan vendiendo.
No hay operativos constantes ni desalojos visibles, por lo que la actividad sigue desarrollándose día con día en pleno centro de la ciudad; esto se contrasta con las confrontaciones violentas que han tenido en otras ocasiones y que les han valido incluso acuerdos de responsabilidad ante la Defensoría de Derechos Humanos de Querétaro (DDHQ) al violar los derechos humanos de los artesanos agredidos.