Tras el homicidio de un joven estudiante de secundaria, cuyo cuerpo fue localizado sin vida en un predio cercano a la institución educativa, en el municipio de Ezequiel Montes, autoridades reforzaron la vigilancia de patrullaje en la zona escolar; sin embargo, docentes subrayaron que el hecho no puede catalogarse como una problemática interna del plantel, ya que el presunto agresor pertenecía a otra institución de nivel medio superior.
De acuerdo con testimonios, el caso ha generado impacto emocional entre alumnos y personal educativo, debido a que la víctima formaba parte de la comunidad escolar, y recalcaron que la agresión no se originó dentro de la secundaria ni obedeció a conflictos escolares entre compañeros del mismo plantel.
Después de lo ocurrido, refieren se incrementó la presencia de unidades de seguridad pública en las cercanías del plantel, principalmente durante horarios nocturnos y en accesos donde habitualmente transitan estudiantes.
Aunque maestros reconocieron que ya existía vigilancia esporádica en algunos horarios, señalaron que ahora el patrullaje es más visible, no obstante, advirtieron que estas acciones suelen ser temporales y consideraron necesario establecer estrategias preventivas permanentes.
Coincidieron en que la violencia entre jóvenes no puede atribuirse únicamente a las escuelas o a los maestros, ya que se trata de problemáticas sociales que muchas veces nacen fuera del entorno educativo.
Indicaron que conflictos familiares, falta de acompañamiento emocional, contextos de violencia comunitaria, carencias económicas y desintegración social inciden directamente en la conducta y bienestar de los estudiantes.
Incluso explicaron que, en muchos casos, la escuela representa un espacio de refugio y estabilidad para alumnos que enfrentan situaciones complejas fuera del aula.
A raíz del caso, profesores insistieron en la necesidad de fortalecer la comunicación entre padres de familia y sus hijos, así como mantener supervisión constante sobre su comportamiento, emociones y hábitos diarios.
Subrayaron que más allá de operativos o medidas restrictivas, la prevención comienza en casa con atención directa hacia los menores, y es el revisar cómo están emocionalmente, qué conductas cambian, qué llevan en sus mochilas, qué consumen, con quién conviven y cómo llegan a la escuela.
Puntualizaron que revisar mochilas, útiles escolares y pertenencias no debe verse únicamente como una medida disciplinaria, sino como parte de una vigilancia responsable.
Cabe señalar que tras el impacto que generó el fallecimiento del menor, personal educativo informó que habrá acompañamiento psicológico tanto para estudiantes como para maestros.
Finalmente, hicieron un llamado a autoridades, familias e instituciones a asumir responsabilidades compartidas en la prevención de violencia juvenil.